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¿Golpear o no golpear?

¿Golpear o no golpear?

Foto: Yamil Gonzales

¿Fue la acción de los militares en la destitución este fin de semana del presidente hondureño Zelaya un golpe? Muchos analistas dicen que sí. Y muchos, incluidos algunos lectores de Matador, dicen que no.

Después de publicar un artículo de noticias de última hora Sobre el asalto militar a la casa del presidente hondureño Zelaya, su derrocamiento y el posterior viaje en avión vestido con pijama al exilio temporal en Costa Rica, los editores de Matador recibieron algunos comentarios reflexivos y correos electrónicos sobre la situación política en desarrollo en Tegucigalpa. También continuamos monitoreando los informes de noticias, tanto de los principales medios de comunicación como de la blogosfera, comparando puntos de vista que a menudo estaban en desacuerdo entre sí.

El director ejecutivo de Matador, Ross Borden, se encontró con esta publicación, en la que alguien que decía ser hondureño declaró enfáticamente que el evento no fue un golpe. Un lector de Matador escribió para decir que estaba contento de que los militares le hubieran "pateado el trasero [a Zelaya]". La gente también estaba furiosa en Twitter: "No hubo golpe". "No tuvimos un golpe". “Honduras no dio un golpe el domingo 28”.

Toda la charla nos envió de vuelta al diccionario para buscar la definición de golpe, y esto es lo que arrojó el Oxford English Dictionary:

"Una repentina y violenta toma del poder de un gobierno".

La definición no dice nada sobre los motivos de tal toma de poder, ni confiere juicio sobre si un golpe es "correcto" o "incorrecto". En cambio, sugiere cuatro criterios o condiciones específicos: el grado de rapidez (repentino); el tipo de fuerza utilizada (violenta); el arrebatamiento de la autoridad a una entidad por otra (toma del poder); y que la entidad a la que se le arrebata el poder es el gobierno, que, en este caso, fue elegido democráticamente.

¿Qué podemos extraer de esta definición en nuestro análisis de la situación política actual en Honduras?

Los hechos ocurridos durante el fin de semana fueron, según la información que tenemos ahora, de hecho un golpe de Estado. Independientemente de los sentimientos de uno sobre la política o la legitimidad del referéndum, el presidente Zelaya había propuesto extender los límites del mandato (un referéndum, podría agregar, que de manera similar ha sido propuesto por el alcalde de la ciudad de Nueva York, Michael Bloomberg, y que no resultó ni en un golpe de estado ni en una conspiración). teorías sobre gobiernos de izquierda, aunque no sin críticas), Zelaya fue sacado de su casa en un ejercicio militar claramente hostil según este informe de Los New York Times.

Hoy, el presidente Zelaya compareció ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, donde fue recibido con el apoyo del organismo que aprobó una resolución que “condenó la destitución del señor Zelaya como un golpe de Estado y exigió su“ restauración inmediata e incondicional ”como presidente.

Zelaya indicó que planea regresar a Honduras el jueves, posiblemente escoltado por otros líderes mundiales y jefes de estado que apoyan la resolución de las cuestiones políticas subyacentes de manera democrática y pacífica.

Ahora que hemos tenido nuestra lección de semántica, ¿podemos dejar de debatir si esto fue o no un golpe y volver a un diálogo real?

Ver el vídeo: GOLPEAR A UN BEBE? (Septiembre 2020).